La verdad de la mentira

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Abordaremos el tema de la mentira, no como un mero significado (de diccionario), sino que en su acontecer reflexivo dentro un mundo especial, trans-ontólogico, el mundo de los oprimidos o como diría Gramcsi: El bloque social de los oprimidos (oppressi).

En este horizonte que tomaremos, la espacialidad Norte – Sur tomará un papel preponderante, ya que como veremos, performativamente se tiene un “peso” según la tierra en que las germine – a la  praxis y al discurso-, aunque el terreno sea infértil y sus flores de artificiales.

¿Qué se ha entendido por mentira?

1 – Desde la teología: El falso testimonio, las mentiras como pecado o a fin de cuentas, la crítica al desarrollo ético-teológico que se ha hecho (justificación de imperio) y que se puede hacer (con otras categorías hermenéuticas de liberación) de las religiones abrahámicas, daría material para desarrollos extensos e interesantes para quien siente el tema como propio, un cáliz de vino, una sangre de vida, que quizá, circulando en un cuerpo ajeno deba ser puesta en manifiesta cuestión. En fin, sería interesante re-plantearlo en esa tesitura, pero quisiéramos situarnos en nuestra Madre Tierra (Pachamama) y analizar el discurso de la Cristiandad, sin ahondar, tal como llegó a América: justificación del imperio.

2 – Desde el mundo Helenístico –visión inevitable para la culminación del “Ego Dominus” (yo domino) o “Ego Conquiro” (yo conquisto) [2]de Hernán Cortes: La cuestión de la mentira se halla como debate en auge desde esos tiempos, no como un pecado como diría un teólogo semita, pero si como una ética, posible de cuestionar según algunos pensadores; como diría un teólogo de estas culturas o un filósofo que ha olvidado el origen discursivo de esas tierras.

2.1 Desde Platón, discípulo de Sócrates,      nos encontramos distinto tipos  de interpretaciones de las mentiras, según las  cuales devienen momentos determinados que conviene analizar por separado.

2.1.1 Estando en un ámbito teológico, por extraño que  pueda parecer al ojo lector, vemos como se posiciona a la mentira como acto repudiable para el hombre de Atenas e inútil para los Dioses (según estos mismos hombres):

“[…] hay que censurar ante todo y sobre todo, especialmente si la mentira es además indecorosa.” Platón

2.1.2 Por otro lado, vemos esta otra  definición de mentira como “aceptable”, según el contexto y más interesante aun, según quien la diga.

Si hay, pues, alguien a quien le sea lícito faltar a la verdad, serán los gobernantes del Estado, que podrán mentir con respecto a sus enemigos o conciudadanos en beneficio de la comunidad sin que ninguna otra persona esté autorizada a hacerlo. Y si un particular engaña a los gobernantes, lo consideraremos como una falta […]”.  Platón.

Una ontología de dominación, base de nuestra crítica como realidad imperante.

2.2 En la “Ética a Nicómaco”, obra de Aristotélica, la postura frente a la mentira se vierte de la univocidad discursiva,  la alabanza al que dice la verdad y el castigo para quién miente.

“La mentira, pues, considerada en cuanto mentira, mala cosa es y digna de reprensión, y la verdad buena y digna de alabanza.” Aristóteles.

2.2.1 Ahora bien, el autor lleva su visión póstuma a otra frontera,  donde la esencia es el entendimiento y el  apetito, que deviene en obrar. El conocimiento  por un lado está en lo cierto que es la ciencia y lo probable que es la opinión. El conocimiento es dado por los sentidos.

“Compara después el entendimiento con el apetito, y muestra que lo mismo que es en el entendimiento verdad, es en el apetito rectitud; y lo que allí es mentira, aquí es depravación”. Aristóteles.

2.2.2 No es intención poner abstracto el análisis, pero el autor muestra una visión clara y distintita, sin lugar a equivocidad, de lo que es entender, que lleva a obrar, lo que es verdad y mentira.  Mismo, el conocer que es fruto de los sentidos del Ser, del Ser griego.

Como reflexión última, para abandonar la cuestión, como quien abandona un recinto dando un portazo para dejar un mensaje provocador: Aristóteles, el gran filósofo griego, era dueño de una sólida  formación social esclavista, donde el Ser griego determina lo que es y lo que no es, lo que es verdad y lo que es mentira.

2.3 Sin más, dando un giro vertiginoso, volvemos a nuestro inicio del relato: la Cristiandad.

Como expone el profesor Enrique Dussel, creo que no podría haber un ejemplo más preciso de cómo la razón argumentativa, expuesta por el indio, en este caso Atahualpa, no tuvo ningún caso, justamente por No Ser, su verdad no fue más que una mentira. Entonces, vemos un relato de Atahualpa argumentando a punta de razón contra la evangelización del Padre Valverde (un español del orden domínico).

“Demás de esto me ha dicho vuestro hablante que me proponéis cinco varones señalados que debo conocer. El primero es el Dios, Tres y Uno, que son cuatro, a quien llamáis Criador del Universo, ¿por ventura es el mismo que nosotros llamamos Pachacamac y Viracocha? El segundo es el que dice que es Padre de todos los otros hombres, en quien todos ellos amontonaron sus pecados. Al tercero llamáis Jesucristo, sólo el cual no echó sus pecados en aquel primer hombre, pero que fue muerto. Al cuarto nombráis Papa. Al quinto es Carlos a quien sin hacer cuenta de los otros, llamáis poderosísimo y monarca del universo y supremo de todos. Pero si este Carlos es príncipe y señor de todo el mundo ¿qué necesidad tenía de que el Papa le hiciése nuevas concesión y donación para hacerme guerra y usurpar estos reinos? Y si la tenía, ¿luego el Papa es mayor Señor y que no él y más poderoso y príncipe de todo el mundo? También me admiro que digáis que estoy obligado a pagar tributo a Carlos y no a los otros, porque no dáis ninguna razón para el tributo, ni yo me hallo obligado a darlo por ninguna vía. Porque si de derecho hubiése de dar tributo y servicio, paréceme que se debería dar a aquel Dios, y a aquel hombre que fue Padre de todos los hombres, y aquel Jesucrito que nunca amontonó sus pecados, finalmente se habían de dar al Papa […] pero si dices que a estos no debo dar, menos debo dar a Carlos que nunca fue señor de estas regiones ni le he visto”. Inca Garcilaso vega.

El dominio espiritual nos arremete a pensar en la verdad impuesta española  y en la mentira del Indio, que solo le restaba morir como cultura, viviendo la ajena como a quien inyectan  sangre ajena en un cuerpo desnudo. Totalidad española que ve al indio americano como ontología acabada, el  Ser griego es ahora el Ser Europeo. La verdad imponente

“A este tiempo los españoles, no pudiendo sufrir la proligidad del razonamiento (!), salieron de sus puestos y arremetieron con los indios para pelear con ellos y quitarles las muchas joyas de oro y de plata y piedras preciosas”

Conclusión

La mentira como un ocultar parcial o totalmente la realidad es una definición peligrosa que circunda en el pensamiento de cada comunidad dominadora, que se pretende ella con el derecho de imposición -al mejor estilo Hegeliano-, por el simple hecho de tener la “verdad” racional (según una teología o una filosofía), según una visión del mundo (Weltanschauung). Naturalmente no podría una comunidad vivir su vida negándola como su realidad, sería confuso hasta para el poeta más avezado, que inmerso en la poesía crea una realidad, la siente en sus dedos cuando escribe, pero es la realidad (poética) creada en su realidad práctica, que no es natural, es histórica y por ende abierta (obligadamente) al oprimido que la cuestiona desde la exterioridad.

Con ello se pretende mostrar la polisemia del termino realidad, de significado ambiguo, que es necesario mantener en constante debate para ir escalando a paso firme a una reivindicación de la periferia, del Sur, al cual se le ha negado su realidad como Mentira y se le ha impuesto la realidad europea como verdad dominante. Esta univocidad del término realidad no nos permite, hoy en día, tener otra visión con rostro humano. Nada más univoco que el mercado para ilustrar nuestra tesis, se manifiesta una verdad imponente analítica matemática (secular) que respalda al aumento de la tasa de ganancia, que no nos permite culturalmente comprender la demencia de la competencia sostenida, que solo basta con mirar a los costados para ser interpelado por el Otro, en tanto que Otro, que me lleve a una reflexión obligada.

 La epifanía (revelación sagrada) del rostro negado que se aparece, solicitándome comida, un vaso de agua o un abrigo es interpelante de mi realidad, niega toda verdad en tanto que verdad y la pone en cuestión en un sentido radical. Esa mentira de mejillas sucias, de manos callosas y de ojos cansados nos lleva a reflexionar sobre la verdad de la mentira del oprimido que toca a mi puerta.

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