Cristianismo desde el poder
El cristianismo desde el poder, como fundamento de las instituciones, puede generar grandes perjuicios. Me interesa, en el orden de prioridades para este escrito, enfocarme en los grandes perjuicios que le puede ocasionar a la religión y cuanto peor al cristianismo.
Punto de vista general de las Teologías del Estado vigentes, implícitas o explicitas, y píldoras para comenzar la construcción desde otro horizonte.
Notas y citas de conferencias de la Universidad Bíblica de Latinoamérica
Teología del Estado
En la teología sistemática, hablar de la iglesia es lo obvio. La gran pregunta es, ¿se puede hacer una teología del Estado?
Lo cierto es que se ha hecho muchas veces, pero no se ha advertido. El reino de Dios no se hace con una sola mano, desde la comunidad profética que critica cuando el pan no se distribuye, sino también desde una mano política que confluyen en el mismo fin. Pero la pregunta es, ¿Quién produce el pan? ¿Producir el pan no es también parte del reino de Dios?
Si hay hambre y se acumula pan es un pecado. Ahí es cuando el profeta dice «repartan el pan». En esta parábola se cuenta como algunos intentaron acumular maná (principal alimento del pueblo de Israel durante 40 años en el desierto):
«Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos» Éxodo 16:20
Parábola del rico insensato
Aquí Jesús cuenta como un hombre rico acumuló muchas cosechas y decidió construir grandes graneros para guardarlas y vivir sin preocupaciones.
–“Pero Dios le dijo: Insensato, esta noche te van a reclamar la vida[1]; lo que te has preparado, ¿para quién será?”
-“Eso le pasa al que amontona riquezas para sí y para Dios no es rico”.
Lucas 12:20-21
¿Pero el pan no es construcción del reino de Dios?
Dialéctica profeta-política
No buscamos plantear una teología política en el sentido de una teología del Estado moderno y todo lo que implica. Pero reflexionemos al respecto.
Parecería que lo político es como el pecado que el profeta viene a denunciar: la eterna dialéctica entre el profeta y el rey. Un ejemplo claro es el episodio entre Natán y David. En 2 Samuel 12:1-14, tras el adulterio de David con Betsabé y el asesinato de Urías en la guerra, Dios envía al profeta Natán para confrontarlo. Natán le presenta una parábola sobre un hombre rico que despoja a un hombre pobre de su única oveja. Indignado, David declara que ese hombre merece la muerte, a lo que Natán responde:
«¡Eres tú! Así dice el Señor, Dios de Israel: yo te ungí rey de Israel, te libré de Saúl, te di la hija de tu señor, puse en tus brazos a sus mujeres, te di la casa de Israel y Judá, y por eso si eso fuera poco te añadiré otros favores. ¿Por qué te has burlado del Señor haciendo lo que él reprueba? Has asesinado a Urías, el hitita, para casarte con su mujer» 2 Samuel 12:9
David se da cuenta de su pecado y, en lugar de justificarse, se humilla y reconoce su culpa diciéndole a Natán:
«He pecado contra el Señor.» 2 Samuel 12:13
Tras la reprensión de Natán, David ayuna y llora por el hijo que ha concebido con Betsabé, pero el niño muere como consecuencia de su pecado (2 Samuel 12:15-23).
Su profundo arrepentimiento también se refleja en el Salmo 51, donde clama a Dios por misericordia y perdón:
“Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa» Salmo 51:3
«Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con el espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu (…)» Salmo 51:12-13
Teología política de Hobbes (liberal)
Es posible hablar de una teología del Estado, es decir, de una teología política, no solo como crítica, sino como una reflexión teológica sobre el significado de la política. Existen teologías políticas explícitas, como la de Hobbes en Leviatán. Recordemos que él era un creyente anglicano, por lo que su visión del Estado es particular y ha sido replicada hasta la actualidad, incluso por quienes combaten el liberalismo. De ahí la importancia de reflexionar sobre su pensamiento.
Comencemos aclarando que, cuando Hobbes habla del Leviatán —título de su obra—, se refiere al Estado. El tercer libro de esta obra se titula «El Estado Cristiano» y está dedicado a la teología, con cientos de citas bíblicas. Su propósito es fundamentar la monarquía inglesa desde el Estado, demostrando cómo Dios otorga el poder al rey y cómo este consagra a los obispos de la Iglesia anglicana. Para ello, Hobbes recurre tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento. Su teología política se basa en una relación de autoridad: el poder del rey proviene de Dios, y la autoridad de la Iglesia se sostiene en el poder del rey. Sin embargo, la monarquía que Hobbes justifica es débil, pues el rey es un mediador entre lo humano y lo divino, pero no un gobernante absoluto en el sentido tradicional.
El cuarto libro de Leviatán, titulado «El reino de las tinieblas», es una especie de satanología, donde Hobbes presenta a Satanás como aquel que pone en cuestión la autoridad del rey. En este marco, la democracia es considerada un pecado, ya que, según Hobbes, si alguien cree que debe obedecer a su conciencia antes que al rey, se convierte en un pecador, pues en última instancia está desafiando a Dios. Para él, la conciencia individual nunca puede ser un tribunal de juicio sobre los propios actos; lo primero es la obediencia al soberano.
Hobbes desarrolla así una teología que justifica el poder del Estado. De esta concepción surge el fundamentalismo de la modernidad, según el cual Dios es el fundamento del Estado.
Otra visión de la teología política
Exilio
Pensemos en el marco de las escrituras: ¿acaso, no fue siempre la revelación de Dios una revelación en un contexto político?
El mismo Jesús fue un exiliado político. Él era de la familia de David, eso es un tema político. David era un rey, no era un profeta, es decir, es un problema político, no religioso.
Además, Herodes, su perseguidor, era un usurpador que estaba de acuerdo con el imperio Romano, no era de la familia de David. Por eso, al saber que había nacido alguien de la familia de David, mató a todos los niños de Belén. Nuevamente, nos volvemos a encontrar con un problema político, no religioso. Ahí es donde Jesús debe irse a Egipto junto a su madre María y su padre José, huyendo de la persecución de Herodes. Allí vivió durante cuatros años hasta que un ángel le anunció la muerte de Herodes. A partir de ese momento emprendió el regreso.
Pero el hijo del Padre siempre mantuvo el subconsciente de perseguido político. Pensemos que él en vez de volver a Judea, donde el ambiente estaba virulento, volvió a la aldea de las gentiles en el norte, en Nazaret. Jesús actúa permanente como un perseguido político hasta el día final.
En la construcción del reino
Jesús les pregunta a sus discípulos “Y vosotros, ¿Quién decís que soy?? Mateo 16:15
Pedro Simón le dice “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” Mateo 16:16
Tomemos relevancia de las palabras: Mesías, el ungido, y el ungido era el rey. Jesús no logra convencer a sus discípulos de que él no va a ser un rey en el tradicional sentido, sino que el mesianismo que él va a realizar es de otro tipo.
Cuando Jesús discutía con los suyos, sus discípulos, sobre cómo creían que iba a ser el Mesías; se enredaban hablando sobre la distribución de tareas en el cumplimiento político de un Mesías, de un rey en el sentido también terreno. Ellos creían que el mesías iba a ser rey.
- Maestro, querríamos que hicieras lo que te vamos a pedir.
- Les pregunto él, ¿Qué queréis que haga por vosotros?
- Contestaron: concédenos sentarnos uno a tu derecha y otra a tu izquierda el día de tu gloría. Marcos 10:35-38
Entonces, Jesús dice:
“Sabéis que los que figuran como jefes de los pueblos los tiranizan (a los pueblo), y que los grandes los oprimen (a los pueblo), pero no ha de ser así entre vosotros; al contrario, el que quiera subir, sea servidor vuestro, y que quiera ser primero, sea esclavo de todos, porque tampoco este Hombre ha venido para que le sirvan, sino para servir (diaconía) y para dar su vida en rescato de todos.” Marcos 10:42-45
(parte 1)
[1] En el griego original del Evangelio de Lucas (12:20), la palabra que se utiliza es «ψυχή» (psuché), que se traduce comúnmente como «alma». Sin embargo, «psuché» también puede significar «vida» en ciertos contextos, ya que en el griego antiguo el término se usaba tanto para referirse a la vida en un sentido biológico como a la parte inmortal de la persona (el alma).