Acerca de Heidegger

Pensamiento de Martin Heidegger

Heidegger deja atrás el idealismo clásico que subordina el Ser a la conciencia (el naturalismo olvidaba que la pretendida objetividad de la naturaleza había pasado por la conciencia, que había sufrido diferentes decantaciones de la historia y la cultura, y que su objeto, en última instancia, era un “objeto” de segunda mano.” Entonces, Heidegger apela en ultima instancia su procedimiento más fundamental: comprender lo que es, lo concreto, en ENTE, por lo que no es, por el Ser. Es decir, Heidegger quiere comprender lo que es el ENTE (esto es lo concreto), por lo que no es el ENTE, o sea, el Ser.

De este modo, el ente concreto que es la subjetividad (no conozco a la cosa en tanto tal, sino que la cosa aparece en mi mundo como ente) se subordina al Ser y encuentra su autenticidad al salir de sí, en un éxtasis que oculta la alienación del individuo por lo que más adelante llamaremos totalidad.

En este texto Heidegger nos dice que el Ente se subordina el Ser. El Ser encuentra su autenticidad implica que el Ser encuentra una manera de vivir y de ser consciente y genuina frente a las realidades existenciales (vida y muerte). O sea, cuando dice que encuentra su autenticidad al salir de sí, implica que ser (como lo que es) no alcanza su verdadera naturaleza si permanece atrapado o estático. Esa es una forma abstracta o inauténtica de existencia. La autenticidad surge cuando el Ser se proyecta hacia fuera de si mismo, el futuro, hacia sus posibilidades de ser, a través de una salida de sí que implica una confrontación con el “ser para la muerte” (la conciencia de finitud). Es consciente de su temporalidad.

El éxtasis en Heidegger, que proviene del griego ektasis (“estar fuera de sí”), implica la no estaticidad, el ser estático, del Ser (Dasein), es decir, no está encerrado en sí mismo. El ser no es estático porque tiene pasado, presente y futuro. Es decir, para Heidegger el éxtasis es un movimiento interno dentro del Ser. O sea, presenta el éxtasis como algo positivo donde el Ser (Dasein) encuentra su autenticidad.

Heidegger dice que nuestra existencia no es estática, sino que posee una estructura en tres momentos temporales:

  • Pasado (Geworfenheit): nacemos en un mundo que no elegimos
  • Futuro (entwutf): siempre estamos proyectándonos hacia algo futuro
  • Presente (Verfallen): estamos inmerso en las cosas del mundo

Entonces, este carácter extático del ser significa que el Dasein no es una entidad estática, encerrada en sí mismo, sino que siempre está fuera de sí en una relación con el tiempo, el mundo y el ser.

Levinas dice que este proceso de “salir de sí” y fundirse con el ser, la individualidad del sujeto se pierde. Heidegger presenta este éxtasis como algo positivo, pero Levinas dice que ESO que ve como positivo, no es liberador sino una forma de alienación. El individuo, el Ser, piensa que está encontrando sentido en esa apertura del Ser y en realidad está siendo absorbido por el Ser, es una estructura totalizante. Este salir de sí implica, en Heidegger, perderse en el Ser en lugar de afirmar la singularidad del sujeto. Como quien dice, piensa que está yendo y viniendo y en realidad está girando en circulo.

Para Levinas la verdadera trascendencia no es la inmersión en el Ser , sino la relación ética con el Otro.

El individuo concreto solo puede ser rescatado por una salida hacia lo otro, que al mismo tiempo sea ética. La idea del bien de Platón, que está más allá del ser, sirve como orientación a Levinas. Se trata de formular una trascendencia que no se mantenga en el ser y que no significa elevar al sujeto (al mismo ser) en una forma “superior” del Ser. Esto que dice Levinas aquí es un critica fundamental a la filosofía de Heidegger.

La idea que parece presidir la interpretación heideggeriana de la existencia humana consiste en concebir la existencia como éxtasis posible, a partir de aquí, únicamente como un éxtasis hacia el fin, y, en consecuencia, en situar lo trágico de la existencia en esta finitud y en esta nada a la cual el hombre se arroja a medida que existe. La angustia, comprehensión de la nada, sólo es comprehensión del ser en la medida en la que el ser mismo es determinado por la nada. El ser sin angustia sería el ser infinito, si esta noción no fuera contradictoria. La dialéctica del ser y la nada sigue dominando la ontología heideggeriana en la que el mal es siempre defecto, es decir, deficiencia, falta de ser, es decir nada. Vamos a intentar el cuestionamiento del mal como defecto. ¿El único vicio del ser es la limitación y la nada? ¿No hay en su positividad cierto mal fundamental? … el miedo de la nada sólo mide nuestra atadura al ser. Es por ello, y no por su finitud, que la existencia recela una tragedia que la muerte no podría resolver. Emmanuel Levinas en la “de la existencia a el existente”

Lo que critica acá Levinas es la forma de concebir de Heidegger la existencia humana, en términos de un éxtasis hacia un fin. O sea, dice Heidegger que la existencia se estructura en el tiempo, siempre proyectándose hacia el futuro. Lo trágico de la existencia es que ese futuro es la muerte. La existencia, por tanto, es un movimiento que se dirige inevitablemente hacia la nada (Sein zum Tode o Ser para la muerte).

Entonces, Heidegger sigue atrapado en la dialéctica “ser/nada”. En su filosofía, el mal se entiende como una simple falta de ser. Algo es “malo” porque es deficiente, incompleto, limitado, o sea, porque se dirige hacia la nada. Entonces, la angustia de Heidegger es un miedo a la nada. Heidegger ver la existencia como una proyección hacia la nada, como un caminar hacia la muerte (por la finitud del ser humano), y el mal como una falta de Ser.

Para Heidegger el Ser es plenitud, realización, presencia. La falta de ser, entonces, es una deficiencia, una carencia, una incompletitud. Para Santo Tomas y San Agustín, el mal no era algo con existencia propia, sino simplemente ausencia de algo que debería estar ahí (ej, la ceguera es mal en tanto que es falta de visión).

  • El Dasein (ser humano) es un ser que existe arrojado en el mundo y proyectándose hacia el futuro.
  • Ese futuro último es la muerte, que es la NADA absoluta.
  • La angustia surge cuando el ser humano se enfreta con esa NADA y comprende su propia finitud.
  • Por tanto, el mal en Heidegger, no es algo que tenga entidad en sí mismo, sino que experimenta como deficiencia, es decir, como una falta de ser.

En definitiva, la muerte no es un mal en sí mismo, sino que es la culminación de la estructura del ser. La angustia de la muerte no es porque haya algo malo ahí, sino porque confrontamos la finitud de nuestro ser.

Levinas cuestiona su simple idea del “mal” como defecto del ser, o más bien, como falta de ser, o, dicho de otro modo, como proyección a la nada. Pregunta Levinas, ¿es el único vicio que tiene el ser? ¿su limitación y la nada? ¿No hay en su positividad cierto mal? O sea, Heidegger dice que el único mal del ser, su falta de ser es su proyección a la nada; Levinas dice, ¿no hay nada malo en el ser en tanto ser como presencia aquí y ahora? Es más, dice: “el miedo de la nada solo mide nuestra atadura al ser”. O sea, la tragedia del ser no está en la muerte (en la finitud), sino en su enclaustramiento como existente (está siendo).

El ser como anónimo al que Levinas denominará existencia (hay), que pugna por devolver la subjetividad al elemento, al polvo, y en cuyo horizonte se perfila la muerte como un triunfo de ese anonimato, marcará el mal del ser. El sujeto, se impondrá entonces en oposición permanente a esa vuelta al ser, que lo acecha.

Levinas dice que el Ser es anónimo porque no tiene una identidad definida, no pertenece a nadie en particular, no es de nadie.

El ser para Heidegger

El ser no es una cosa ni una persona, sino lo que permite que todo lo demás sea. Es como el horizonte dentro del cual todo existe. Ejemplo el “ser” es como la luz del sol. No es un objeto, hace que todo lo demás pueda verse. Sin la luz, las cosas no aparecen. Ahora bien, el ser humano en Heidegger se llama Dasein, el ente que se pregunta por el ser, es decir, que tiene conciencia de su existencia y su finitud. En el ejemplo, el sol es la fuente del Ser, aquello que permite que la luz (el ser) haga visible los entes. El ser humano es un ente especial porque se pregunta por la luz misma, es decir, se pregunta por el Ser.

El ser para Levinas

Levinas critica la idea de ser porque la ve como algo impersonal y anónimo. Ese Ser que simplemente “está ahí”, como un fondo que no podemos escapar, como una luz que ilumina sin más (hay). En cambio, el ser humano (el sujeto, el existente) es quien trata de afirmarse frente a ese ser impersonal.

O sea, si hubiera un ruido de fondo constante, la existencia humana trata de no quedar atrapado a ese ruido de fondo que, de ignorarlo, puede pasar a formar parte de la normalidad (en Heidegger es la normalidad misma). El ser humano busca hacerse oír por encima de ese ruido. Entonces, Levinas distingue entre ser (impersonal, anónimo y amenazante) y el ser humano (el sujeto que intenta resistir a esa impersonalidad”). Entonces, el ser humano (Dasein), para Heidegger, no está separado del Ser, sino que siempre está arrojado a él, inmerso en un mundo de significados ya dados o, volviendo a la metáfora, inmerso en “ruido ambiente”. El Dasein no puede existir fuera del ser, porque es su apertura, es decir, ya escucha desde ahí. En cambio, Levinas crítica esa idea porque Heidegger sigue atrapando al sujeto en el horizonte del ser, ese ruido ambiente no es el sujeto en sí mismo, sino una condición que lo acecha, pero de la que puede distanciarse, ¿pero como? El verdadero despertar del sujeto no ocurre en su relación con el ser, sino en la relación con Otro.

Entonces, el Desein de Heidegger está siempre dentro del Ser y debe encontrar su autenticidad en él. Levinas, en cambio, el sujeto puede separarse del Ser y encontrar una relación ética con el Otro, fuera del Ser.

Entonces, ese Hay, como el ser “anónimo”, pugna por devolver a la subjetividad al elemento (ese anónimo busca conservarse en anónimo), o sea, amenaza con absorber al sujeto, con disolver su individualidad en el anónimo y lo impersonal. El sujeto (Dasein) se impondrá en oposición permanente a esta vuelva al Ser, que lo acecha. Dice Levinas, de lo que trata ahora, para salir de esa marcha hacia la muerte, a ese anonimato que acecha al Ser, está en el existente y no en la existencia, el ente y no el ser. Ahí es donde se constituirá la positividad fundamental por un bien que está más allá del ser. Esta vuelta al Ente no debe ser interpretada como un nuevo olvido del Ser (como en los naturalistas).